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Localidad:
ALBARRACÍN
Distancia desde Zaragoza:
185 Km.
Tiempo estimado: 02h15
Comarca: SIERRA DE
ALBARRACÍN
Provincia: TERUEL
Población: 1.061
habitantes
Altitud: 1.171 m.
COMO LLEGAR
El
destino elegido esta muy próximo a Teruel capital por lo que aún
siendo un viaje largo contamos con la gran ventaja de disponer de la
Autovía Mudéjar, vía rápida y cómoda.
Nosotros, a fin de
disfrutar mas del paseo en moto, optamos por andar los tramos en uso
de la vieja carretera a Teruel, N-330 y N-234, sin tanto tráfico
ahora, pudiendo negociar así las curvas del puerto de Paniza y el
divertido trecho posterior hasta Calamocha.
Narrando para automóviles
resulta más cómodo y fácil por
la Mudéjar A-23, que se toma en Zaragoza y 145 Km. de tirón hasta la
salida de Cella. El desvío de unos 5 Km. por la TE-V-1001 nos
permite cruzar el pueblo para enlazar con la TE-V-9011 que en otros
5 Km. mas nos sitúa en el cruce con A-1512 que nos llevará a nuestro
destino, pasando antes por Gea de Albarracín.
Estos últimos 20 Km. son
sinuosos, discurren junto al Guadalaviar, pero se agradece romper
con la monotonía de la autopista y por sentir que nos adentrarnos en
el Parque Cultural de Albarracín, un tesoro de valor incalculable.

EL LUGAR
La ciudad de
Albarracín, es
considerada en la actualidad como uno de los conjuntos histórico
artísticos más complejos e interesantes de España, habiendo sido
declarada por ello Monumento Nacional y también propuesta por la UNESCO como
Patrimonio de la Humanidad.
Es la puerta de entrada y cabeza de
la Serranía de su mismo nombre, incluida en la Reserva Nacional de
Caza de los Montes Universales, inaccesible zona montañosa
donde nacen nada menos que seis ríos: el Tajo, Júcar y su afluente
Cabriel, el Gallo que va a Molina de Aragón, el Guadalaviar que se
transforma en el Turia y el Jiloca, formando todos ellos una de las
más extensas redes hidrológicas de España.
Así pues en Albarracín
se ensamblan perfectamente naturaleza, arquitectura e historia dando
lugar a un bello paisaje cultural único donde podremos vernos
sorprendidos por multitud de detalles, como su caserío apretado y
homogéneo, entre roquedales desnudos de calizas, que están cortados
por un sinuoso río Guadalaviar.
Cierto es, tenemos mucho
para ver y
admirar en esta localidad de la que no pudimos
descubrir mas que una pequeña parte de todos los conjuntos
paisajísticos y culturales que esconde. La brevedad de nuestra
visita no nos dio para mucho y además primaba en ella el paseo en
moto desde donde sí pudimos apreciar la pureza de esa hermosa
serranía de perfil agreste y con tanta riqueza forestal que nos dejó
asombrados. Pero es de esos lugares cuyo recuerdo agradable te hace
prometer el regreso.

La
Ciudad:
Dominando el paisaje, se asienta
en un emplazamiento estratégico sobre un profundo y
prolongado meandro. Dividida en dos partes: la Ciudad,
o su casco antiguo, en las faldas de una montaña y rodeado en casi
su totalidad por el río Guadalaviar, con sus casas colgantes sobre
la hoz del río y el Arrabal, situado en la amplia vega
de cuyo cultivo se ha posibilitado su pervivencia histórica.
Está topografía abrupta
garantizó la defensa del núcleo medieval que se originó en torno al
castillo. Tras el 711 y la invasión musulmana de la Península pasa a
ser muy pronto un núcleo militar de primera magnitud. Mas
tarde se convierte en la capital del Taifato Independiente de
los Ibn Razín, de donde algunos opinan le viene el nombre actual (Al-Banu-Razín:
los hijos de Razín).
Por concesión y no por
conquista, pasa a ser señorío independiente cristiano a manos de la
familia de origen navarro de los Azagra, llegando a crear un
obispado propio y quienes otorgan a la Ciudad sus fueros, de donde
surge la Comunidad de Albarracín, que todavía persiste.
Tras el fracaso de
conquista por parte de Jaime I en 1220, es Pedro III de Aragón quien
la conquista en 1285, pasando definitivamente a la Corona de Aragón
en 1300. Esta serie de hechos políticos tuvieron como base la
importancia de la fortaleza y del sistema defensivo de Albarracín.
Mantiene su apogeo, no sin
dificultades, hasta el s. XVIII gracias a la pujanza ganadera del
territorio. En este período se construyen los edificios más
emblemáticos, en buena medida debidos también a un relevante
mecenazgo episcopal.
La
Catedral del Salvador:
Edificio de gran porte cuya enhiesta torre preside toda la
población.
Situada junto al castillo, su
construcción se inició en 1572, consta de una sola nave y capillas
laterales donde cabe destacar la del Pilar, de origen barroco, sin
duda la más suntuosa de cuantas posee le iglesia, que realza
su sentido vertical y luminoso del espacio con la decoración a base
de mármoles y estucos y un bellísimo retablo ricamente dorado en
cuyo transparente aparece la imagen de la Virgen del Pilar. En su
interior se conservan numerosos tesoros artísticos como son el
retablo mayor y el de San Pedro, los tapices flamencos de mediados
del s. XVI, piezas de orfebrería, ricos instrumentos musicales como
el bajón o un violín del s. XVIII.
El
Palacio Episcopal:
A través del claustro de la Catedral podemos acceder a la planta
noble del Palacio, aquella destinada a la residencia del prelado, y
que en la actualidad alberga el Museo Diocesano. El actual edificio
debió iniciarse en el s. XVI, aunque su fisonomía actual es el
resultado de las reformas y ampliaciones realizadas a lo largo del
s. XVIII, con su fachada barroca dieciochesca. En la actualidad es
Palacio de Reuniones y Congresos, Museo Diocesano y también sede de
la Fundación Santa María de Albarracín.
El
Castillo:
Núcleo primitivo de la ciudad que pasó de musulmana alcazaba a
fortaleza feudal, ubicado en el casco antiguo, es el lugar donde
alcanzan su máxima expresión todos aquellos condicionantes
orográficos que han sido determinantes en la localización y defensa
de Albarracín garantizando la inexpugnabilidad del recinto.
El acceso quedaba
protegido por tres puertas de las que tan solo se conserva con
claridad la puerta actual, insertada en el mismo recinto amurallado.
Siguiendo el borde del
relieve sobre el que se asienta, se levanta el impresionante cerco
amurallado del castillo, reforzado con once torres de plata circular
dominante, encerrando una superficie aterrazada de unos 3.400 m2.
Es sin duda uno de los
mejores emplazamientos para la observación del excepcional paisaje
cultural de Albarracín.

En el
extremo izquierdo la Torre de Doña Blanca, en el centro el Castillo
y la Catedral.
Torre
de Doña Blanca:
Se levanta sobre el extremo sur del meandro escarpado del río, al
lado mismo de la Iglesia de Santa María, junto al aparcamiento que
lleva su mismo nombre y desde el que se accede.
Se considera uno de los
tres castillos del sistema defensivo de la ciudad, junto a la
fortaleza principal y la torre del Andador, al norte. Alcanza los 18
m. de altura, de planta cuadrada y gruesos muros de mampostería.
La puerta se abre a más de ocho metros de altura sobe el suelo
exterior, para garantizar así la defensa en caso de asedio. Su
interior se divide en cuatro plantas y desde la última se accede a
una espectacular terraza superior, que es otro de los miradores de
la ciudad.
La
Antigua Ermita de San Juan:
Ya desde el s. XII, la designación de Albarracín como sede episcopal
es uno de los hechos que ha tenido más profunda trascendencia en la
historia de la ciudad. Esta circunstancia ha permitido que la ciudad
cuente con una importante muestra de iglesias y ermitas, asociadas
normalmente a los diferentes barrios de la población.
La de San Juan es uno de
los símbolos menores de la arquitectura religiosa. Frente al museo
de Albarracín, en el mismo barrio de San Juan que era antiguo barrio
judío de la ciudad, permite identificarla en origen con su antigua
sinagoga.
Santa
María de Albarracín:
Este templo es el más antiguo de las diferentes iglesias con las que
cuenta la localidad, su construcción data del siglo XII. Su estado
actual parece ser la última obra del maestro francés Quinto Pierres
Videl, que la dejó inconclusa y fue terminada por un maestro,
seguramente local, a quien se deben sin duda los elementos mudéjares
de la parte alta de los muros exteriores. Esta iglesia sólo se abre
en Semana Santa y en Mayo.
Y no describo más para no
hacer pesada esta lectura pero Albarracín encierra mucho para
admirar. Sus museos: el Diocesano, el Municipal, el del Juguete, el
de Forja y el Paleontológico o sus casas típicas como la Casa
Consistorial, la de la Julianeta, la del Chorro o la de la Calle
Azagra. Todo ello sin salir de la ciudad, con un detenido paseo por
sus calles, para observar la arquitectura popular, donde pequeños
palacetes se intercalan entre edificaciones humildes. Aunque sería
injusto no mencionar algo de sus tesoros naturales, como el paisaje
protegido de los pinares de Rodeno.
El
Rodeno:
Lindando ya con las tierras castellanas, el Sistema Ibérico esconde
en la Sierra de Albarracín uno de los conjuntos paisajísticos y
culturales más sorprendentes de Aragón, donde un extenso pinar se
asienta sobre curiosas formaciones de areniscas rojas. Singularizado
por sus colores (rodeno, "que tira a rojo") y por su vegetación
("pino rodeno").
La importancia de este
espacio natural no solo radica en la indiscutible belleza de los
modelados de las areniscas y conglomerados entremezclados con la
masa de pino resinero, paisaje escasamente representado en Aragón,
sino también en la existencia de un importante conjunto de arte
rupestre levantino: la Cocinilla del Obispo y el Prado de los
Toricos del Navazo.
No muy conocido hasta los
años 80, adquirió relevancia a partir de la difusión de estos
importantes hallazgos arqueológicos. Desde ese mismo momento atrae a
numerosos investigadores que comienzan a interesarse no sólo por los
aspectos arqueológicos sino por temas del medio natural y humano de
la zona.
Así se crea el Paisaje
Protegido de los Pinares de Rodeno en el año 1995, un espacio
forestal protegido con una extensión de 3.335 ha., cuya altitud
oscila entre los 1.095 y los 1.602 metros, mayoritariamente ocupadas
por bosques aunque es, sin duda, la geología y sobre todo el relieve
originado por la acción de los agentes erosivos, uno de los grandes
protagonistas del paisaje y quizá el elemento que le imprime mayor
carácter, quien lo singulariza.
DONDE ALMORZAR
Como quiera que
estamos en un sitio turístico no tendremos ningún problema en
localizar un lugar para la restauración, los hay numerosos y de
todas clases.
Nosotros fuimos
directamente a la preciosa Plaza Mayor, en ella hay unos cuantos
lugares propicios para un buen almuerzo.
Optamos por
Bar el Bodegón, donde fuimos muy
bien atendidos por su gerente Goyo, con tarjeta de visita
donde reza el mensaje "dar el servicio que me gustaría me diesen
a mi". Pudimos saborear unos huevos fritos, en fuente, almuerzo
muy bien presentado, tal vez un poco caro pero aceptable por el
lugar y el entorno.
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BAR EL
BODEGÓN
C/ Azagra.
2
Tel. 978
710102
Albarracín (Teruel)
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