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Localidad:
BIEL
Distancia desde Zaragoza:
96 Km.
Tiempo estimado: 01h39
Comarca: CINCO VILLAS
Provincia: ZARAGOZA
Población: 204
habitantes
Altitud: 760 m.
COMO LLEGAR
Saldremos de Zaragoza por la Autovía A-23 dirección Huesca
hasta llegar a la salida de Zuera norte donde tomaremos el desvío
por la A-124 con
dirección a Ejea.
Siempre sin dejar
esta calzada pasaremos de largo los desvíos a Gurrea de Gállego, luego a las Pedrosas y más tarde a Sierra de
Luna, continuando por ella hasta llegar
a la rotonda de intersección con la A-125, en la cual iremos
dirección Luna por la A-1103.
Cruzamos Luna siguiendo
ruta hacia el Frago, desde aquí nos separa una distancia de 28
kilómetros de nuestro objetivo, Biel.
Este último
tramo deberemos hacerlo con mucha tranquilidad ya que se trata de
una carretera de tercera, estrecha, sinuosa y de asfalto deficiente,
pero si aceptamos esta premisa y circulamos por ella de manera
relajada vamos a disfrutar de lo lindo porque sentiremos la
naturaleza entrar por nuestros ojos. Discurre por tierras del
prepirineo, un paraje impresionante donde en ocasiones los árboles
nos impedirán ver el cielo, una verde escolta que ya no nos
abandonará hasta la meta.

EL LUGAR
Visitamos la localidad de
Biel, ubicada en la margen
izquierda de la cabecera del río Arba y a los pies de la Sierra
de Santo Domingo donde sus roquedales dejan paso a campos de
cultivo, como decimos, es pleno prepirineo aragonés. Un pueblo
peculiar y sorprendente donde más del 80% del término municipal es
bosque, espeso bosque de pino y roble
donde al final de
todos los veranos se puede escuchar los berridos de los ciervos que
se disputan a las hembras de la manada.
El caserío de su núcleo urbano,
acurrucado en torno al castillo-torreón que se yergue sobre un
espolón rocoso, hace que uno se sienta trasladado directamente al medievo; viviendas de piedra,
calles estrechas cruzadas por pisos puente y monumentos de la talla
de la iglesia parroquial de San Martín,
transforman al municipio en un enclave de obligada visita.
Su estratégica situación
geográfica, en la frontera con los dominios musulmanes, la convirtió
en fortaleza durante todo el siglo XI y pudo ser la causa de que se
levantara un castillo de tal envergadura y calidad pues custodiaba,
junto con las fortificaciones de Uncastillo y Luesia, los caminos
que desde Ejea, por el Sur, penetraban hacia tierras del condado de
Aragón.
Muy poco se conserva
del recinto que servía para reforzar y nivelar el terreno formando
una pequeña plaza de perímetro aproximadamente oval, en cuyo extremo
meridional y sobre la pared más escarpada se edificó la gran
torre del homenaje, recientemente restaurada su techumbre y
sobre la que hay proyectos para ultimar su recuperación plena.
Según relata
Cristóbal Guitart, esta grandiosa torre no es uno de tantos
castillos y pudo ser construida por
artesanos nórdicos, quizás normandos. Hipótesis que viene avalada
por la gran superficie interior de la torre (un rectángulo irregular
de 20 x 10 metros), muy inusual en el
momento español y que hace pensar que pudiera ser un palacio,
próximo a la ideología del "donjón" (castillos
formados por una torre principal de grandes dimensiones) característico del
norte de Francia.
Las primeras
noticias que se tienen del castillo son de la época de
Sancho III el Mayor de Navarra. Durante todo el siglo XI aparece vinculado a
la familia real aragonesa, así se sabe que Sancho Galíndez y su mujer,
doña Urraca, lo donaron a Sancho Ramírez, rey de aragoneses y
pamploneses, quien lo entregó en dote a
su esposa Felicia de Roucy, con la que contrajo matrimonio en 1071.
A partir de esa fecha el castillo de Biel aparece citado como palacio del Rey, del que serán tenentes sucesivamente sus
hijos Fernando y Alfonso (el que llegaría a ser
Alfonso I el
Batallador).
En el siglo XIII pierde el
valor estratégico que atesoraba al dejar de formar parte de la
frontera sur del reino de Aragón, por avance limítrofe de la
reconquista a los califatos árabes. Tras perder nombradía militar
pasa a ser un lugar de señorío, apareciendo
como señores del
castillo los nombres de Juan (hijo de Alfonso IV), la reina María de
Luna, los señores de Illueca, etc.. Ya en el siglo XV figurarían
como señores el príncipe Don Martín de Aragón y el condestable Don
Álvaro de luna, hasta que en el siglo XVII pasa a pertenecer al
arzobispado de Zaragoza.
ALZADA Y
PLANTA DE LA TORRE DEL CASTILLO
El recinto interior
de la torre
alcanza los 105 metros cuadrados, con una altura de 30 metros y una
planta de 10 por 20 metros. Está construida en piedra de sillar muy
bien labrada, asentada con un fino tendero de cal. Sus muros son
lisos y poseen algunas ventanas pequeñas, altas y estrechas como
saeteras, salvo en el muro occidental que son grandes. Sus muros son
completamente rectos, a excepción de una peculiar letrina que
sobresale a modo de buharda.
A mediados del siglo
XVI el arzobispo de Zaragoza y señor de Biel, Don Hernando de Aragón, mandó
realizar unas reformas que afectaron a las ventanas de los pisos de
la habitación principal, con grandes y desafortunados ventanales.
Lo que hoy en día
podemos ver no es más que su esqueleto de piedra. Faltan pues, y
sería magnífico poderlos reponer, los elementos de madera que
compartimentaban y hacían habitable la torre. Parece
ser que el Ministerio de Cultura está por la labor y va a iniciar en
breve la recuperación de las plantas originales con la intención de
albergar en él un museo sobre la vida en las fortalezas medievales.
En época de
Hernando de Aragón también se reconstruye
la iglesia parroquial de San Martín, que hoy permanece
intacta, pues de la antigua iglesia románica, fundada en el siglo XI
por Sancho Ramírez, no queda ningún resto al haber sido
"deshecha" para aprovechar los materiales en la construcción de la
nueva, más amplia y acorde a las necesidades. Esto es lo que hace
que sea de estilo gótico-renacentista mientras que casi todas
iglesias de las localidades cercanas pertenecen al estilo
románico.
Se cree que este
“ensanchamiento” de la iglesia se produce por la conversión de los
judíos. Para nada consta, en la abundante documentación, que la
antigua iglesia tuviera algún problema en su estructura o que
pudiera estar bajo la amenaza de una ruina inminente. Sin embargo la
judería de Biel era, en términos absolutos, una de las ocho más
importantes de Aragón y, a finales del siglo XV, la población judía
sobrepasaba los trescientos habitantes, lo cual suponía más de la
mitad de la población total. A raíz del decreto de expulsión gran
parte se convirtió al cristianismo y se quedó en su localidad. Como
consecuencia, la población cristiana, con este nuevo aporte de
cristianos nuevos, prácticamente se duplicó, por lo que
probablemente no cabrían en la antigua iglesia. Además estos conversos debían, al menos, aparentar que
eran más cristianos que nadie y, hasta es posible, que ellos, en
parte, sufragaran los extraordinarios costes de esta ampliación,
teniendo en cuenta el poderío económico de algunos de estos
cristianos nuevos.
La actual iglesia de
San Martín de Biel es un edificio de piedra de sillería de excelente
calidad que se encuentra adosado por su lado norte a la pared rocosa
sobre la que se asienta el castillo y en la parte superior, al
pasadizo de acceso a este último, realizado también en piedra de
sillería.
DONDE ALMORZAR
Este
pueblo serrano
bien merece un alto en el camino por dos poderosas razones: aquellos
hitos arquitectónicos nombrados que salpican sus calles y los exquisitos
platos que se sirven en El Caserío,
buen restaurante especializado en la cocina tradicional que elabora con
productos autóctonos de la zona y de la caza.
Ubicado en un
atractivo y pintoresco local de aspecto rústico, con gran encanto,
cual si de un refugio de caza se tratase.
En nuestra visita nos
limitamos a un buen par de huevos con jamón y patatas fritas pero
nos quedó pendiente, para una nueva ocasión, la cata de uno de los
principales ingredientes de la gastronomía que pone en práctica el
restaurante, la carne de ciervo.
Lleva fama su
estofado de ciervo y las croquetas con la misma carne, también es
reseñable su estofado de jabalí, las judías de Biel, las
empanadillas de morcilla con mermelada de setas, o sus bolas de
acelga con gambas, muchos platos que completan una amplia carta de
calidad.
Leemos, no nos
sorprende,
que ha sido
galardonado por el Departamento de Cultura y Turismo de la
Diputación General de Aragón, por su esfuerzo y dedicación, símbolo
de la buena gastronomía.
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RESTAURANTE EL CASERÍO
C/ Mayor.
17
Tel. 976
669083
Biel (Zaragoza)
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