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Distancia desde Zaragoza:
38 Km.
Tiempo estimado: 00h45
Comarca: RIBERA BAJA
del EBRO
Provincia: ZARAGOZA
Población: 2.219
habitantes
Altitud: 161 m.
COMO LLEGAR
Para alcanzar
nuestro objetivo tenemos una ruta corta y cómoda que podemos
realizar por los dos lados del Ebro, es decir, por la antigua
carretera a Barcelona (N-IIA) o bien por la de Castellón (N-232).
Para hacer variado el
trayecto elegimos las dos opciones, una para la ida y
otra para el retorno. Así pues realizamos la ida por la de Barcelona, de este modo
no nos dificultará nuestro viaje el tráfico pesado que suele tener
toda vez que lo encontraremos de cara.
Saldremos de Zaragoza por
el Barrio de Santa Isabel, rumbo a Lérida, carretera N-IIA, y sin
dejarla encontramos las localidades de La Puebla de Alfindén,
Alfajarín, Nuez de Ebro, Villafranca de Ebro y Osera de Ebro, todas
ellas en apenas treinta kilómetros de recorrido que ayudarán sin
duda a que nuestro viaje sea entretenido.
En este último tramo,
hasta completar los 42 km. de distancia, veremos siempre la
población de Pina de Ebro a la derecha de nuestra marcha, junto al
río Ebro, hasta alcanzar el desvío, carretera CV-604, que con
facilidad nos permitirá llegar a nuestro destino.
En cuanto nos acercamos al
pueblo llama la atención las dos torres que sobresalen claramente
por encima del núcleo urbano que es bastante extenso y de poca
altura (no son muchos los bloques de más de tres pisos).
Al adentrarnos en el
núcleo nos dirigiremos a su plaza principal, la de España, que será
nuestro centro de operaciones y donde aparcaremos.

EL LUGAR
Se trata de la más
septentrional de las localidades de la Ribera Baja del Ebro,
en su casco urbano nos encontraremos con muestras de un pasado
mudéjar, como es el convento franciscano (s. XVI), todavía en
proceso de restauración.
Como seña de identidad
Pina tiene una gran plaza principal de trazado rectangular, la
Plaza de España, que utilizaremos como centro neurálgico para
nuestra visita y donde, tras aparcar, se puede comprobar como está
adornada con hermosos jardines entre los que destaca un típico
quiosco de música.
En esta ocasión el motivo
de nuestro viaje es un saludable paseo por la orilla del río, donde
poder disfrutar de los paisajes que nos ofrece la ribera, buscando
la naturaleza viva y apartándonos del casco urbano.
Para la realización
de este artículo tomamos referencia del que se publicó en la revista
"La Magia de Aragón", febrero de 2005, por el maestro y amigo
Javier Blasco Zumeta, natural de
esta localidad, amante y defensor de las tierras monegrinas, quien
con su abnegada dedicación ha propiciado el descubrimiento, en este
semidesierto, de unas 200 especies nuevas para la ciencia.
El paraje que invitamos a
visitar esta señalizado como el itinerario de "La Mechana",
todo él discurre por caminos vecinales de uso público y nos supondrá
un cómodo paseo de dos horas que realizaremos sin dificultad, con unos 4 km
de longitud aproximadamente. Dado que existe sombra a lo largo de
todo este paseo, cualquier época del año será apropiada, de hacerla
en verano se recomienda protección contra los mosquitos.
Se encuentra en medio de
la depresión del Ebro, al amor de aguas llovidas en regiones
lejanas, donde el río se hace acompañar de comunidades animales y
vegetales propias de los paisajes europeos, rompiendo así la
uniformidad africana de la estepa. Es la fronda y el despilfarro del
verde en los dominios de la aridez y lo ralo como estrategia vital.
Y un río tan viejo no puede entenderse hoy sin la mano del ser
humano, que todo lo transforma.
Localizarlo es sencillo,
la calle Soto, que sale de la plaza de España, termina en el mismo
lugar donde nace el itinerario y donde encontramos el descriptivo
plano. A partir de aquí, las flechas nos
indicarán la senda a seguir y los números nos invitan a detenernos:
hay siete paradas.
Las islas
La presión humana
ejercida sobre las orillas del río ha convertido los bosques de
ribera que los orlaban en una hilera de sólo un árbol o ninguno.
Únicamente en la inaccesibilidad de las islas se han conservado
intactos los sotos, verdaderas selvas donde los árboles maduros y
los retoños, la madera muerta y las plantas trepadoras se
interrelacionan en una maraña protectora de suelos y jabalíes. Pero
nada en ese caos es azar y los árboles se organizan según sus
estrategias para resistir el envite de las crecidas y la presencia
de agua en el subsuelo: los sauces y mimbres en primera línea de
agua, flexibles y capaces de sobrevivir al aterramiento o enraizar
si la rama se partió y quedó semienterrada; chopos y álamos después,
necesitados de menos humedad en las raíces y el olmo por último,
allí donde el agua sólo llega ocasionalmente.

Tamarizal
La tamariz es una planta
arbustiva capaz de sobrevivir en suelos esqueléticos y, por tanto,
con una enorme capacidad colonizadora.
Es la primera especie
leñosa que aparece en lugares degradados, como el que nos
encontramos, o sobre las gravas del río cuando el curso se aleja.
Una vez nacidos los
primeros brotes, sus ramas detienen el limo en suspensión del agua
en las crecidas y lo depositan en la base de la planta, comenzando
así un proceso que se auto alimenta al espesarse el tamarizal y que
lo lleva a su desarrollo óptimo y a su destrucción cuando el suelo
es suficiente como para que los árboles se instalen y lo eliminen
con su sombra. Pero hasta que eso ocurra, los jilgueros, que crían
en ramas bajas y comen en el suelo, buscarán los campos de tamarices
para construir sus nidos y darles alegría con su presencia.
Gravera
La gravera está formada
por acumulación de cantos rodados que arrastra el río y que proceden
de las montañas circundantes: cuarcitas y calizas del Sistema
Ibérico y pizarra, cuarcita, granito y andesita del Pirineo.
Son medios muy inhóspitos
debido a la insolación extrema y ausencia de suelo, ocupados sólo
por el chorlitejo chico, que deposita los huevos sobre el suelo para
no llamar la atención en un sitio tan abierto.
Las primeras plantas
colonizadoras son siempre especies anuales ya que la inestabilidad
de la gravera es manifiesta: Las avenidas aterran estos enclaves o
cambian de sitio las piedras, debiendo de comenzar de nuevo el
proceso. Cuando las graveras están en contacto permanente con el
agua una gramínea del género Paspalum forma una orla verde que
serpentea por la orilla.
Chopera
Durante todo el paseo
hemos ido bordeando una plantación de chopos, encontrándonos ahora
en el interior de la chopera. Aunque la presencia de árboles grandes
proporciona la sensación de estar en un bosque, es sólo una
percepción engañosa ya que la monotonía del cultivo incide en una
notable ausencia de biodiversidad: bajo la sombra de los chopos
crecen apenas algunas plantas anuales y el silencio de las copas
está sólo roto por el rumor de las hojas si hace viento. El otoño es
sin duda la mejor estación para pasear por una chopera, acompañado
del crujir de hojas secas al caminar y verlas caer con indolencia,
como no creyéndose que su ciclo está acabado.

Soto de
la Mechana
Los sotos o bosques
riparios se constituyen en el máximo exponente de la vegetación
junto al Ebro.
Si bien el soto de La
Mechana no es un enclave maduro, pueden observarse los procesos que
caracterizan a este tipo de bosques: los tamarices que ocupan el
centro y la parte derecha del enclave sobre lo que fue una antigua
explotación de áridos, mientras los árboles de ribera ocupan la
orilla misma del río y la línea de suelos profundos que se extiendo
hacia la izquierda paralela a la chopera. Aquí pueden verse sauces,
chopos, álamos blancos, olmos y otros árboles como nogales y
moreras. La lucha por la luz se manifiesta en la existencia de
varias especies de plantas trepadoras, entre las que destacan las
zarzas, y la explosión de vida la da la primavera con los cantos del
ruiseñor y el mirlo, que contrasta con la nada de la chopera vecina.
En el barro del suelo está impresa la huella de la vida en la noche,
jinetas, jabalíes, tejones y zorros nos hacen ver que no existe la
paz en el paraíso.

Mota y
huerta
El camino elevado en el
que nos encontramos es una defensa contra las crecidas del río
llamada "mota".
Con la construcción de
las motas se ha conseguido proteger los cultivos de las avenidas,
pero se ha hecho prisionero al río, terminando con la dinámica
fluvial que hacía del Ebro un río divagante en su cauce medio, no
formándose ya nuevos galachos.
A la derecha se extiende
la huerta, una tierra feraz aportada en tiempos pasados por el río y
con agua de riego abundante. Es una agricultura extensiva, siendo
tradicional la sucesión de alfalfa, trigo y maíz, si bien empiezan a
verse algunos invernaderos que permiten intensificarla.
Las "malas hierbas"
vegetando entre los cultivos o en las lindes entre campos forman una
flora peculiar que fue siempre tormento del agricultor. La codorniz
reclamará en el alfalfar y el buitrón y el triguero colonizarán los
herbazales de las márgenes.

Poza
Larga
Esta pequeña laguna es un
galacho, conociéndose por este nombre al cauce abandonado del río
que mantiene aguas quietas y vegetación palustre (aneas y carrizo)
en las orillas. Estas aguas tranquilas y la protección del carrizal
permiten la presencia de aves acuáticas como pollas de agua y fochas,
así como de otras tan especializadas como los carriceros, que
construyen sus nidos entrelazando con briznas de hierba los tallos
delgados de varios carrizos próximos.
En su evolución natural,
los galachos van colmatándose permitiendo al disminuir la película
de agua, la extensión del carrizal. El proceso se acelera entonces
ya que, en las crecidas, una mayor densidad de vegetación provoca la
deposición de más sedimentos, terminando finalmente por dejar de ser
una zona húmeda y ser ocupada por el soto.

Desde este punto se
regresa al casco urbano, a la Plaza de España lugar de donde salimos
y donde daremos por finalizado nuestro paseo, pasando previamente por las piscinas, campo de
fútbol, complejo deportivo y plaza de toros.
DONDE ALMORZAR
Existen varias opciones
para este capítulo, algunas de ellas en el mismo lugar donde hemos
iniciado el recorrido y donde aparcamos, para esta ocasión elegimos
el bar que está ubicado en la Plaza, justo al lado de la oficina del
Banco Santander.
BAR LAS
BRASAS
Plaza de
España, 18
Pina de Ebro (Zaragoza)
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