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Distancia desde Zaragoza:
54 Km.
Tiempo estimado: 00h56
Municipio: VELILLA DE
EBRO
Comarca: RIBERA BAJA
DEL EBRO
Provincia: ZARAGOZA
Población: 290
habitantes
Altitud: 152 m.
COMO LLEGAR
De las dos opciones que
hay para alcanzar nuestra meta hemos elegido la más corta, cómoda y divertida, por la que saldremos de
Zaragoza en dirección Castellón.
Al comienzo es vía rápida,
once kms. por la A-68 hasta llegar al Burgo de Ebro, donde termina enlazando
con la
N-232. En nuestro circular tenemos las hoy ineludibles travesías de
Fuentes y Quinto de Ebro, en ésta última deberemos ir con atención porque, justo a la salida del municipio,
se toma un desvío a la izquierda para entrar en la A-221. Idéntica
ruta que para el Monasterio de Rueda solo que la abandonaremos al
poco de su comienzo, justo en el desvío hacia Gelsa de Ebro,
debiendo cruzar el río Ebro por la A-1105.
Pasamos esta localidad y
al final de la travesía tenemos un desvío a la derecha de la marcha
para tomar la CV-661 que nos llevará hasta Velilla, en un corto
trayecto de casi cuatro kms.
Tras llegar a
Velilla, hay que seguir la dirección de Alforque hasta que se
encuentra el icono del museo, en donde se exponen los objetos
hallados en las excavaciones realizadas en el yacimiento. La
dirección del Museo Provincial de Zaragoza, del que depende,
recomienda girar la visita empezando por el museo, para poder
entender mejor el posterior itinerario del yacimiento.
Con ambos proyectos,
la instalación museográfica estable y el tratamiento de las ruinas
al aire libre, la colonia Celsa se pone a la disposición del
visitante en una de las más felices ideas surgidas en torno a la
revitalización de nuestro patrimonio arqueológico y llevada a cabo por
el Ministerio de Cultura y la Diputación General de Aragón en un
proyecto común, si bien les es reprochable la falta de continuidad y
el haber rebajado la intensidad en las excavaciones, paralizadas
desde hace unos años, en aras de sacar a la luz todo lo que este
entorno esconde.

EL LUGAR
Velilla de Ebro es
una localidad situada en la margen izquierda del Ebro cuyo suelo
entierra una de las más significativas ciudades de la Hispania
romana, la antigua colonia
que fue residencia de prefectos y triunviros y que hoy es el
principal motivo de nuestra visita, a pesar de que este pueblo posee
una riqueza histórica que abarca desde el siglo III a. de C., como
ciudad íbera de gran pujanza económica sobre la que se
levantó lo que sería esta primera colonia romana en el valle medio del
río, hasta la dominación árabe y su posterior reconquista por
Ramón Berenguer IV.
Acoge una de las sedes del
Museo de Zaragoza, que fue inaugurada en el año 1997, se
sitúa en un edificio de arquitectura
funcional, dedicada a la exposición de parte de los hallazgos del
cercano yacimiento. En él encontramos tanto
los paneles explicativos como los materiales de forma muy didáctica
y amena que nos permitirán entender como era la colonia.
También encontraremos maquetas que nos muestran como es una
excavación o una de las casas excavadas: la llamada de los
Delfines.
Uno de los rincones
más llamativos es el que muestra la restitución de una pared de la
casa de Hércules, con dos grandes capiteles corintios, una
inscripción funeraria en piedra y un ánfora de salazones de pescado
gaditano (del siglo I a. C. al I d. C.)
Hay una vitrina
dedicada a las monedas y cerámica decorada de la Celse íbera, para
pasar a continuación a exponer los objetos relacionados con
diferentes aspectos de la vida: los cultivos y la cría de animales,
artesanía (telares, cerámica, objetos de bronce), la forma de
construir, decoración de las casas (con restos de bustos pequeñitos
y pinturas magníficas), objetos de la cocina
y de la mesa, juegos y pasatiempos, objetos de adorno personal,
amuletos y ritos de enterramiento.
En la visita al museo
contaremos siempre con la presencia y colaboración de Carlos,
encargado del buen orden y de que todo esto funcione, quien nos
indicará como poder llegar al cercano yacimiento para completar el
recorrido tal como está recomendado.
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MUSEO MONOGRÁFICO
Horario:
• Martes a
domingo: de 9 a 13 horas
• Miércoles: de 16 a 18 horas
• Lunes y festivos no dominicales, cerrado
Entrada:
•
Gratuita miembros CE
<Pulsar para ver fotos del museo>
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La cronología de esta
colonia es muy breve, sólo abarca del 44 a. de C. hasta el 70 d. de
C., lo que hace suponer que tuvo un rápido crecimiento (se calcula
que llego a tener 3.500 habitantes) desempeñando durante esos años
un papel fundamental como cabecera de la región, de nudo de
comunicaciones al estar ubicada en la Vía Augusta, de intercambios
comerciales al contar con cauce fluvial navegable, y como uno de
los lugares elegidos por los romanos para comenzar la romanización
en la parte norte de la Península Ibérica. Hasta allí llegaban
salazones béticas, vino de Tarraco, cerámica de Tarso y del norte de
África, mármoles tunecinos, turcos e italianos, etc. Todo ello
hasta que pronto perdió poder en beneficio de Caesaraugusta.
Marco Emilio Lépido,
gobernador de la Hispania Citerior, le otorgó el rango de colonia
que era el más alto que Roma daba a una ciudad, siendo ésta y
Caesaraugusta las dos únicas colonias que hubo en el Aragón romano.
En ella se asentaban veteranos licenciados de las legiones,
los cuales recibían un lote de tierra para cultivar y en época
imperial la ciudadanía romana.
A finales del emperador
Claudio, o en los principios de Nerón,
comenzó a decaer sin signos de violencia.
Su declive irreversible se convirtió en abandono, estrechamente
relacionado con las guerras civiles del año 68 d. de C., y la tierra fue
cubriéndolo todo sin que otro pueblo se asentara sobre ella. Los
motivos de este abandono no están nada claros, hay hipótesis que apuntan a la
cercanía de la colonia Cesaraugustana y otras que se inclinan por que el motivo fue que Roma le puso demasiadas trabas
administrativas, en cualquier caso uno tiene la sensación y el
asombro de la enorme rapidez con que lo hicieron, demostrando la
practicidad del pueblo romano .
Según se nos muestra en
las monedas inicialmente se llamó Victrix Lulia Lépida en
referencia a Lépido, que como decimos fue su fundador, hasta que
cayó en desgracia y fue desterrado por Augusto, pasando
entonces a denominarse Victrix Lulia Celsa,
recuperando así su antiguo nombre íbero.
De todo el amplio conjunto
de emisiones monetarias que se han hallado en las excavaciones
arqueológicas, destacan por su curiosidad las denominadas
"bilingües", que se caracterizan por llevar un doble letrero en
signos ibéricos y en latín. Esto da pie a pensar que se acuñaron en
un periodo que va desde el final de la antigua Celse hasta la
fundación definitiva de la nueva colonia por Roma.
Al pie del monte
Purburell, y dominando una posición envidiable sobre la vega del río,
están las excavaciones donde se conservan abundantes restos, sobre
todo de su última época, de viviendas privadas y red viaria (que a
mi personalmente me parece impresionante), además junto a
dependencias
domésticas se han encontrado otras de uso vario como diversas
tabernas, un pequeño mercado,
restaurante, panadería y un área de almacenamiento, aunque se conoce
mal lo relativo a las arquitecturas públicas (termas, teatro, foro).
La colonia no tuvo muralla y se desconoce el perímetro exacto de la
misma aunque se sabe que ocupó una amplia zona de casi 44 hectáreas,
distribuidas en suaves terrazas sobre el río Ebro, no se tiene
tampoco excesiva información del área funeraria.
Podremos comprobar como
los
arquitectos romanos estudiaron detenidamente los desniveles de este
terreno aterrazado, para que las calles evacuaran el agua de lluvia
hacia el Ebro porque, a diferencia de otras ciudades romanas
conocidas, ésta no tenía alcantarillado. Por ese motivo las arterias
principales de la ciudad son paralelas y perpendiculares al río.
Culminada nuestra visita
al yacimiento arqueológico podemos acercarnos al pueblo pues, como
decimos, tiene otros muchos puntos de interés dignos de atención.
Ermita de
San Nicolás de Bari
El Mirador y la
Ermita de San Nicolás están ubicados sobre una elevación que domina
todo el municipio y una amplia panorámica de la vega del río Ebro.
Se accede a ellos por una escalinata de piedra que enlaza con la
iglesia parroquial consagrada a Nuestra Señora de la Asunción. Esta
escalera conserva restos de un antiguo vía crucis de alabastro.
Los orígenes de la ermita son remotos aunque se supone levantada
sobre los restos de un antiguo templo romano (dedicado a Diana según
dice la tradición)
del que aprovecha el ábside semicircular y un ventanal, el resto
corresponde a los años 1679 y 1713. Sobre su fachada principal se
alza una espadaña con tres vanos en donde se ubicaba la legendaria
"campana del Milagro".

La
"campana del Milagro"
Una de las leyendas
aragonesas de más amplia difusión es la de la campana de la ermita
de San Nicolás de Bari, que tañía sola, sin
intervención humana ni mano alguna que la «bandiase», anunciando
sucesos extraordinarios, casi siempre luctuosos.
La leyenda es
antigua y se funda
en una de las dos que había en lo
alto de la iglesia, tañendo sola, por lo común la de la derecha. Un
antiguo texto nos la describe así: <En
muy antiguos y desconocidos tiempos, pero antes de la venida de los
sarracenos, llegó la campana del Milagro a la costa mediterránea
cerca de la desembocadura del Ebro y las gentes del contorno se
vieron sorprendidas porque flotaba sobre el mar, no obstante su
peso, y llevaba consigo dos velas encendidas. Trataron de sacarla
del agua, pero cuantas veces se acercaban a ella se hundía y emergía
de nuevo cuando abandonaban la empresa. De esta forma comenzó a
remontar el río contra corriente, salvo cuando los ribereños
intentaban tomarla, porque entonces se sumergía. Así llegó a
Velilla, donde se detuvo; pero nuevamente se hundía o sobrenadaba
según que los hombres se acercaban con garfios para sacarla del agua
o bien abandonaban el empeño. No obstante, no se
movía
de aquel lugar, como si estuviera decidido que allí quedase, hasta
que se aproximaron dos doncellas y no hicieron más que poner sus
manos sobre ella, cuando se elevó sobre el lecho del río, posándose
en la orilla. Cayeron todos de hinojos, llevaron la campana hasta el
punto donde después estuvo y le tributaron desde entonces un
verdadero culto.
Comenzó la campana a
obrar prodigios, sonando sola y provocando el miedo de las gentes
ante las desgracias que anunciaba y la devoción y respeto de cuantos
la veían tañer sin que nadie la tocase explicándose fantásticamente
para unos por ser obra de campaneros godos, para otros creación de
San Paulino de Nola a quien se atribuyó la invención de las campanas
y generalizador de su uso, sin faltar quienes aseguraron que la
habían recibido los monarcas aragoneses como especial privilegio
para que tuvieran aviso de su próxima muerte, muy en relación con
las devociones suasorias como la de San Pascual Bailón que avisaba
igualmente a sus devotos>.
No es del caso
anotar los muchos casos conocidos de campanas que tocaban solas y
que anunciaban catástrofes, aunque ninguna tuvo la difusión
universal que alcanzó la de Velilla.
DONDE ALMORZAR
En nuestra visita llevamos
unos bocatas que, aprovechando el hermoso día otoñal que se nos
ofrecía, devoramos afanosamente en lo alto del cerro donde se
encuentra la ermita de San José, se supone era un antiguo puesto de
vigilancia romano, y desde donde se tiene una visión panorámica
preciosa de todo el lugar, que nos sirvió como colofón a la grata
experiencia.
En la localidad solo
existe el bar Asociación Lépida Celsa, por el que preguntamos y nos
informaron que posiblemente no estuviera preparado para visitas
inesperadas, así que recomendamos iniciar la marcha de regreso para
detenerla en la cercana localidad de Gelsa,
en la misma plaza de la iglesia por donde cruza la carretera, allí
podremos aparcar con facilidad encontrando un par de lugares, El
Casino y El Frontón, donde con seguridad podremos reponer energías.
BAR
ASOCIACIÓN LÉPIDA CELSA
C/ Ángel
Serrana, 1
Velilla de Ebro
(Zaragoza)
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