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Este ha sido mi primer viaje, ya
desde hace tiempo venía documentando en nuestra web la publicación de las
diferentes excursiones que periódicamente se vienen realizando por nuestro
Club, pero nunca las había vivido desde dentro.
Esta excursión a La
Pineda-Salou tiene una serie de condicionantes que la hacen especial,
tal vez por ello sea una de las más aceptadas por los socios, en esta
ocasión fuimos cerca de doscientos, y todo este cúmulo

Diosa Palas Atenea en el
bloque uno. |
de atractivos sin duda nos ayudó
a tomar la decisión de apuntarnos.
Como en ocasiones anteriores,
según me cuentan éste era el cuarto año, el destino para la semana de estancia fue el hotel
Palas Pineda****,
prestigioso complejo que cuenta con dos grandes hoteles que absorbieron nuestra masiva
llegada sin dificultad alguna, repartiéndose entre ambos los pasajeros de
nuestros cuatro autobuses.
Ambos bloques poseen unos
accesos con entradas dignas
de mención, sentarse allí a reposar un tiempo se convierte en un relajado
divertimento, un tremendo hall de mas de quince metros de altura rematado
con una cúpula
transparente, o escaleras imperiales que invitan a tener un pausado transitar por
ellas.

Diosa Palas Atenea en el
nuevo bloque.

Panorámica de las tres
piscinas.
Sus jardines y originales piscinas,
con tobogán, jacuzzi, cascada e isletas donde tomar el sol no resulta nada
aburrido.

La terraza exterior es amplia y cómoda,
un buen lugar de comunicación tras una taza de café. En ella
tienen lugar numerosas animaciones de temporada y encontramos un rincón, el
de la Choza, donde se llevó a cabo nuestro competido campeonato de guiñote
del que salieron vencedores, en esta ocasión, la pareja formada por Pablo y
Federico en una competida final frente a Antonio y su esposa Pilar.
El complejo dispone además de
gimnasio, sauna, baño turco, un relajante servicio de masajes, piscina
cubierta con jacuzzi, pista de tenis, sala de juegos y otras
múltiples posibilidades de
esparcimiento que seguro se me quedan en el
tintero y que, a nuestra llegada, me hicieron presagiar una estancia plena
actividades pero os puedo asegurar que es necesario mas de una semana para
poder disfrutar de todos estos servicios porque no nos olvidemos que está
también
el mar como fondo, tan solo a 80 metros, con el paseo entre medio donde
andar al atardecer resulta una gratificante experiencia, que en suma hacen de éste un espacio encantador.

La playa con el hotel Palas
al fondo.
Tras un saludable paseo
por la playa y un refrescante baño era costumbre diaria, a eso de
las doce horas, la llamada hora del "Angel_us" en la que,
poco a poco, se iba juntando la gente para echar una charrada
mientras se apuraba un pequeño bocado, que nunca se sabía a ciencia
cierta su procedencia aunque yo creo que era el propio ángel_us
quien aportaba las viandas, y todo ello acompañado con un buen trago
de la bota cuyo uso solía llamar la atención de los paseantes, a los
que a veces se les invitaba.

Unas reuniones muy
entretenidas.
Como no solo de playa
vive el ser humano se planificó una excursión voluntaria, de día
completo, a las cercanas instalaciones de Port-Aventura, de ella no
puedo contar mucho porque no asistí ya que opté por el descanso pero
si puedo asegurar que todos los asistentes regresaron muy contentos
y satisfechos de la jornada y "alguno" con un inesperado
ósculo repleto de carmín, lo que entre sus compañeros dejó llamativa
huella con una especie de tic nervioso.
La fiesta de despedida
se adelantó este año al viernes, de este modo se daba opción a un
día de descanso antes de iniciar el regreso.
En ella hubo de todo,
una copa para brindar, una tarta para acompañar el brindis, una
orquesta para bailar (aunque tan solo eran dos pero sonaban muchos
más), una entrega de trofeos a los ganadores del concurso de
guiñote, un divertido sorteo de numerosos regalos, seis
celebraciones de aniversarios de boda y un regalo muy especial a la
Sta. Isabel Vizcaíno en agradecimiento a su esmerada atención
como responsable del servicio de comedor del Hotel Palas.

Resultó todo perfecto,
felicitando desde aquí a la junta por la planificación tan detallada
de una fiesta que, en el fondo, es un auténtico homenaje a la gran
familia que formamos todos y de la que inserto algunas fotos como
prueba de la felicidad y hermandad reinante.

La presidencia.









Y ya el regreso de una
perfecta semana de descanso donde no tuvo cabida ni la prisa ni el
estrés, donde no hubo nada especial y todo fue especial, de donde
volvemos con más amigos de los que teníamos a la ida, donde se pudo
tener momentos de soledad en compañía y con el deseo
de asistir nuevamente al año próximo.
En ambos viajes, tanto
el de ida como el de regreso, se realizó una breve parada para tomar
un pequeño refrigerio, como siempre, en grupo.

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