Cuentan sus vivencias por nuestros montes, y resulta
gratificante oír los balidos de sus ovejas y el tintineo de
las esquilas. Acompañados también de su transistor, están
informados al día de lo que acontece lejos de su hábitat.
Todo ello contrasta con las condiciones de vida en que se
desenvolvía la actividad pastoril hace unas décadas. En el año
1.960 fui destinado a la Dirección del Banco Central en Huesca
y fue en 1.953/64 cuando cayó el gordo de Navidad en varios de
aquellos pueblos. Creo recordar fue Sena uno de los
agraciados, rápidamente me desplacé al mismo y acompañado del
corresponsal del Banco fuimos en busca del poseedor de dos
décimos, que resultó ser un pastor de ovejas llegado de la
serranía.
Por caminos poco transitables, en una noche fría y nevando,
llegamos a la puerta de la cabaña donde pernoctaba el hombre.
Nos dió la "bienvenida" una jauría de mastines amenazantes.
Después de muchas voces identificativas, apareció el inquilino
de aquella "vivienda" que calmó a sus perros, y ya bajamos del
coche no sin mirar de reojo a los canes.
No quiero extenderme en las condiciones de aislamiento y
penuria en que vivía aquella persona, y pienso que hoy no haya
pastores, al menos en nuestra Comunidad, que realicen su
actividad en condiciones nada comparables con las descritas.
La extensa entrevista fue fructífera para el Banco y me vine
con los dos décimos - 1.500.000 pesetas de aquellas - y el
"afortunado" pastor fue cliente durante varios años. Por todo
lo expuesto, debemos congratularnos de que estos tiempos, con
su tecnología, hayan llegado a nuestros
pastores para