Revista núm. 15

Abril 2006

LA SABIDURÍA DEL CUERPO

En nuestra sociedad altamente tecnificada hemos establecido una extraña relación contradictoria con nuestro cuerpo. Nos obsesiona el cuerpo u al mismo tiempo nos es indiferente. Nos obsesionan la salud, el aspecto físico y la capacidad plena de las funciones, difícilmente habrán tenido tanta importancia en el pasado como en la actualidad. Se invierte muchísimo dinero y se hacen enormes esfuerzos para perfeccionar la belleza corporal y el aspecto físico. En torno de estos objetivos han surgido nuevos sectores económicos y nuevas motivaciones ideológicas. La preocupación por el yo físico domina cada vez a más seres humanos y desplaza paulatinamente el cuidado y el cultivo de las virtudes y las características psíquicas y espirituales que ocupan visiblemente los últimos lugares en la escala de los atributos más importes de nuestra personalidad.

El cuerpo nos es indiferente: A pesar de la importancia que se da al mismo tenemos una falta de sensibilidad total hacia él. Bajo el concepto del "estres" agrupamos muchos de los ataques que emprendemos diariamente contra nuestro ser. Hace mucho que permitimos la magnitud de nuestros pecados en contra del cuerp; el remordimiento de millones de personas es la base del negocio de los institutos de belleza corporal y de los inventores de dietas.

Al cuerpo casi no le quedan oportunidades de aplicar su sabiduría. No tenemos ni la menor confianza en su capacidad de autocuración, ni el más mínimo respeto por sus necesidades.

Hemos aprendido que todo se puede alcanzar mediante el dinero, por lo tanto también la salud, la aptitud para el trabajo, la perfección corporal, la belleza y el bienestar físico. Esta cultura de tecnócratas hostil a la naturaleza busca descubrir sus secretos para manejarlo con eficacia.

Nosotros somos nuestro cuerpo y somos los mejores y principales conocedores del mismo. Y cuando él se rebela contra lo que le exigimos mediante nuestro estilo de vida, somos nosotros  los que debemos asumir la responsabilidad. La unidad del cuerpo y el espíritu nos enseña que todos los días podemos hacer algo para mantener esa unidad. Así nos enteramos de algo que presentíamos: que los sentimientos y los pensamientos están más estrechamente ligados al estado del cuerpo de lo que estaba dispuesta a reconocer la ciencia tradicional de los expertos.

El mayor poder del cuerpo humano es su capacidad de autocuración; pero ese poder depende de nuestros pensamientos y de nuestras actitudes, de nuestras espectativas y de nuestros criterios, que se traducen en procesos fisiológicos. Nada sorprende más en los quince millones de neuronas del cerebro humano que su extraordinaria capacidad para transformar los pensamientos, las esperanzas y las ideas en sustancias químicas negativas o curativas.

Las personas conscientes de su cuerpo logran alcanzar muy bien el anhelado e ideal estado de total relajación y ayuda corporal con ayuda de técnicas espontáneamente descubiertas o aprendidas, como el yoga o la relajación muscular progresiva. en algún artículo anterior que he publicado en "La Sirena de Aragón", les he explicado algunas de estas técnicas como el método del 3 al 1 y algunos de ustedes las han aplicado con alta eficacia para su salud y beneficio.

Las enfermedades del cuerpo son ocasionadas por factores sociales, psíquicos y mentales y en ocasiones también por factores físicos o ambientales, que duda cabe. Son trastornos de la autorregulación y la autoorganización del cuerpo y de la psique, son la falta de respeto, en todos los niveles de nuestra existencia, de los periódicos procesos y funciones psíquicas y orgánicas.

En definitiva, todo lo que les he explicado se puede resumir muy sucintamente en lo siguiente:

"La mejor fuente de salud es nuestro propio cuerpo. Aprender a escuchar sus mensajes, respetando su singularidad, es el mejor medio de aprovechar su fierza de autocuración".

 

         Por CANIO (Especialista en tratados del alma).

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