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En mi humilde apartado en “LA SIRENA DE ARAGÓN”, hoy les
quiero hablar de la mayor lacra y supremo enemigo que más
incide en nuestra vida y en nuestro trabajo: “LA ANSIEDAD O
MIEDO”
Una definición de la ansiedad, que todos podamos comprender,
revelaría que es un estado de agitación crónica frente a una
amenaza (real o imaginaria) donde el individuo siente tanto
temor y confusión que no emprende para contrarrestarla acción
alguna o, como máximo, totalmente insuficiente.
Para algunos estudiosos en el tema, tiene sus orígenes en la
infancia y en la adolescencia, por la indefensión que existe
ante las personas mayores, respondiendo, en la mayoría de las
veces, de esta forma y continuando de la misma manera cuando
somos adultos.
Existen
soluciones para contrarrestar la ansiedad. La acción es
preferible a la inercia, aunque en algún momento
determinado ésta sea la huída.
Con muy
buen criterio, muchos profesionales en la materia, han
postulado que una de las formas más eficaces de vencer a la
ansiedad consiste en establecer contactos con otras personas
que permitan una interrelación afectiva y desbloqueen el
parapeto tras el cual se esconde una persona angustiada. Es
decir, transmitir a otras personas nuestros miedos y
ansiedades desde un punto de vista afectivo, aunque sea de una
forma confidencial. No es necesario que sea a un psicólogo o
un profesional, sino simplemente a alguna persona de nuestra
total confianza (familiares, amigos, etc....).

Hay varios factores significativos de la ansiedad y el miedo
como son amenazas, confusión, temor o inactividad, pudiendo
presentarse solos o combinados.
El miedo no es negativo si sabemos superarlo, pero es
imposible eliminarlo. Tiene dos interpretaciones diferentes:
La primera es negativa, como el terror, desesperanza o muerte.
Pero la segunda es positiva y consiste en saber controlarlo.
El temor a lo tenebroso llevó al hombre a descubrir la luz
artificial; el temor al hambre hizo descubrir la agricultura y
la economía doméstica y el miedo al enemigo impuso el inventar
armas para rechazarlo.
Existen muchos ejemplos que corroboran lo antes expuesto. En
una ocasión me contaron el de los dos soldados que están en el
frente del campo de batalla. Al recibir la orden de avanzar,
los dos tienen una profunda sensación de miedo. El primero, se
niega a marchar y se queda inmóvil y agarrotado; el segundo,
sigue teniendo miedo, pero se lanza al ataque. El primer
soldado, a lo largo de su vida, será un tullido psicológico,
pero el segundo, en el futuro, emprenderá acciones razonables
ante situaciones difíciles, aún en el supuesto de que
resultara herido.
Se podrían enumerar diversas clases de ansiedades y miedos,
aunque todo es lo mismo: miedo a la soledad, a la pérdida de
los recuerdos, a la pobreza, al riesgo, a los cambios, al
castigo, a lo desconocido, a lo imprevisto y a la muerte.
Quizás los dos últimos sean los más generalizados y merezcan
dos capítulos aparte:
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MIEDO A LO IMPREVISTO
Son muchas las personas que viven permanentemente
obsesionadas y pendientes de los circunstancial, que
encuentran muy fino el hilo de la felicidad y viven
atenazados por el temor a lo imprevisto, rompiendo el
equilibrio de su tranquilidad. Imaginan imprevistos que
alteran lo programado y les pueden provocar un gran
quebranto personal, resultando mayor la angustia que
produce el hecho en sí. Bien es cierto, que el entorno es,
en la mayoría de las veces, negativo, y más en los tiempos
que vivimos, teniendo que soportar amenazas por diversos
conductos como son las tertulias, periódicos, radio,
televisión, etc. Muy comunes son frases como éstas: “Con
lo que está subiendo la inflación, cuando te jubiles no
percibirás pensión alguna”, “Tu puesto de trabajo peligra”
o “El hombre está acabando con la naturaleza y si sigue
así terminará el mundo”.
En la mayoría de los casos, aunque existen unas grandes dosis
de negatividad en la fuente donde proviene, pueden tener
visos de realidad, pero es necesario confeccionarnos una
coraza para evitar la angustia, porque, como he dicho
antes, es mucho peor la ansiedad que el hecho en sí, si
éste llegara a producirse en un supuesto hipotético.

MIEDO A LA MUERTE
La muerte es una condición inherente a la vida y solo ella da
sentido a muchas de las angustias y tensiones que nos
acosan. Pero sin la muerte desaparecerían muchos de los
esquemas del comportamiento humano, como pueden ser el
instinto de conservación, el sentido de aprovechamiento
del tiempo o la transitoriedad de la existencia. Tenemos
que asumirla y no rebelarnos contra ella, porque si lo
hacemos despreciamos la propia vida. Un estado de rebelión
depresiva y que hay que evitar son las famosas frases que
se escuchan, sobre todo en momentos puntuales cuando se
produce alguna catástrofe o ante la desaparición, más o
menos prematura, de algún familiar o amigo. “Después de
esto, que significado tiene vivirlos” ¿Porqué somos así en
la vida, si vamos a terminar de esta manera?.
Tenemos que asumir nuestro destino final pero nunca vivir
pendiente de él. Tan absurdo es vivir atormentado pensando
en el final de nuestra vida como ignorar el hecho en sí,
que se producirá inexorablemente.
Deseo que después de lo expresado podamos todos controlar un
poco más nuestros miedos, que tan negativamente inciden en
nuestra vida y en nuestro trabajo.
Por
CANIO (Especialista en tratados del alma).
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