Revista núm. 16

Noviembre 2006

PARÁMETROS DE LA ANSIEDAD Y EL MIEDO

En mi humilde apartado en “LA SIRENA DE ARAGÓN”, hoy les quiero hablar de la mayor lacra y supremo enemigo que más incide en nuestra vida y en nuestro trabajo: “LA ANSIEDAD O MIEDO”

Una definición de la ansiedad, que todos podamos comprender, revelaría que es un estado de agitación crónica frente a una amenaza (real o imaginaria) donde el individuo siente tanto temor y confusión que no emprende para contrarrestarla acción alguna o, como máximo, totalmente insuficiente.

Para algunos estudiosos en el tema, tiene sus orígenes en la infancia y en la adolescencia, por la indefensión que existe ante las personas mayores, respondiendo, en la mayoría de las veces, de esta forma y continuando de la misma manera cuando somos adultos.

Existen soluciones para contrarrestar la ansiedad. La acción es preferible a la inercia, aunque en algún momento determinado ésta sea la huída.

Con muy buen criterio, muchos profesionales en la materia, han postulado que una de las formas más eficaces de vencer a la ansiedad consiste en establecer contactos con otras personas que permitan una interrelación afectiva y desbloqueen el parapeto tras el cual se esconde una persona angustiada.  Es decir, transmitir a otras personas nuestros miedos y ansiedades desde un punto de vista afectivo, aunque sea de una forma confidencial. No es necesario que sea a un psicólogo o un profesional, sino simplemente a alguna persona de nuestra total confianza (familiares, amigos, etc....).

 

< Se podrían enumerar diversas

 

Hay varios factores significativos de la ansiedad y el miedo como son amenazas, confusión, temor o inactividad, pudiendo presentarse solos o combinados.

El miedo no es negativo si sabemos superarlo, pero es imposible eliminarlo. Tiene dos interpretaciones diferentes: La primera es negativa, como el terror, desesperanza o muerte. Pero la segunda es positiva y consiste en saber controlarlo.

El temor a lo tenebroso llevó al hombre a descubrir la luz artificial; el temor al hambre hizo descubrir la agricultura y la economía doméstica y el miedo al enemigo impuso el inventar armas para rechazarlo.

Existen muchos ejemplos que corroboran lo antes expuesto. En una ocasión me contaron el de los dos soldados que están en el frente del campo de batalla. Al recibir la orden de avanzar, los dos tienen una profunda sensación de miedo. El primero, se niega a marchar y se queda inmóvil y agarrotado; el segundo, sigue teniendo miedo, pero se lanza al ataque. El primer soldado, a lo largo de su vida, será un tullido psicológico, pero el segundo, en el futuro, emprenderá acciones razonables ante situaciones difíciles, aún en el supuesto de que resultara herido.

Se podrían enumerar diversas clases de ansiedades y miedos, aunque todo es lo mismo: miedo a la soledad, a la pérdida de los recuerdos, a la pobreza, al riesgo, a los cambios, al castigo, a lo desconocido, a lo imprevisto y a la muerte. Quizás los dos últimos sean los más generalizados y merezcan dos capítulos aparte: 

MIEDO A LO IMPREVISTO 

Son muchas las personas que viven permanentemente obsesionadas y pendientes de los circunstancial, que encuentran muy fino el hilo de la felicidad y viven atenazados por el temor a lo imprevisto, rompiendo el equilibrio de su tranquilidad. Imaginan imprevistos que alteran lo programado y les pueden provocar un gran quebranto personal, resultando mayor la angustia que produce el hecho en sí. Bien es cierto, que el entorno es, en la mayoría de las veces, negativo, y más en los tiempos que vivimos, teniendo que soportar amenazas por diversos conductos como son las tertulias, periódicos, radio, televisión, etc. Muy comunes son frases como éstas: “Con lo que está subiendo la inflación, cuando te jubiles no percibirás pensión alguna”, “Tu puesto de trabajo peligra” o “El hombre está acabando con la naturaleza y si sigue así terminará el mundo”.

En la mayoría de los casos, aunque existen unas grandes dosis de negatividad en la fuente donde proviene, pueden tener visos de realidad, pero es necesario confeccionarnos una coraza para evitar la angustia, porque, como he dicho antes, es mucho peor la ansiedad que el hecho en sí, si éste llegara a producirse en un supuesto hipotético. 

MIEDO A LA MUERTE 

La muerte es una condición inherente a la vida y solo ella da sentido a muchas de las angustias y tensiones que nos acosan. Pero sin la muerte desaparecerían muchos de los esquemas del comportamiento humano, como pueden ser el instinto de conservación, el sentido de aprovechamiento del tiempo o la transitoriedad de la existencia. Tenemos que asumirla y no rebelarnos contra ella, porque si lo hacemos despreciamos la propia vida. Un estado de rebelión depresiva y que hay que evitar son las famosas frases que se escuchan, sobre todo en momentos puntuales cuando se produce alguna catástrofe o ante la desaparición, más o menos prematura, de algún familiar o amigo. “Después de esto, que significado tiene vivirlos” ¿Porqué somos así en la vida, si vamos a terminar de esta manera?.

Tenemos que asumir nuestro destino final pero nunca vivir pendiente de él. Tan absurdo es vivir atormentado pensando en el final de nuestra vida como ignorar el hecho en sí, que se producirá inexorablemente.

Deseo que después de lo expresado podamos todos controlar un poco más nuestros miedos, que tan negativamente inciden en nuestra vida y en nuestro trabajo. 

 

         Por CANIO (Especialista en tratados del alma).

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